Punto de partida y reflexiones iniciales
Antes
de realizar la observación de clases en el Instituto Cervantes, varias
compañeras y yo nos reunimos con nuestra tutora, María Ahmad, para discutir
sobre nuestro punto de partida. Compartimos opiniones acerca de nuestras
inquietudes y experiencias previas. Hablamos sobre las características que,
según nuestra opinión, debería tener una buena clase. Todas coincidimos en que
es fundamental que esta sea amena y fomente un escenario de confianza, una
conexión afectiva con y entre los estudiantes. Precisamente en este curso he
aprendido la importancia de crear vínculos afectivos con los estudiantes
mediante actividades para conocerse, algo que nunca había contemplado antes. También
hablamos sobre la necesidad de reflexionar sobre nuestros prejuicios y estar
abiertas a adaptarnos a distintas situaciones en función del contexto del aula
al que nos enfrentamos. Charlamos sobre lo importante que es conocernos a
nosotras mismas y qué tipo de profesoras queremos ser, para poder adoptar una
postura autocrítica y una actitud abierta que invite a la mejora, pero que
también reconozca nuestras habilidades y puntos fuertes.
Antes de las sesiones de observación, que realicé junto con Paola Martínez,
María nos informó sobre las características de la clase y sobre nuestro rol en
la misma. Planificamos juntas varias actividades y nos enseñó cómo organizar
una clase, qué tipo de estrategias y recursos utilizar. Asimismo, nos habló
sobre la importancia de conocer los objetivos que hay detrás de cada actividad,
qué queremos que aprendan y practiquen las estudiantes con dicho ejercicio. También
sobre la necesidad de hacer las actividades previamente, para tener claro cómo
dar las instrucciones, prever las distintas decisiones que deberemos tomar y
predecir dudas y problemas que puedan surgir.
Primera observación
Paola
y yo realizamos dos sesiones de observación participante los días 10 y 17 de
noviembre. La clase, con una duración de tres horas, estaba formada por seis
alumnas (aunque solamente cinco asistieron a la primera sesión), con un nivel
intermedio B1.1. En el momento de la observación ya llevaban siete clases con
María, de modo que estaban familiarizadas con la clase. Todas las alumnas se
mostraron motivadas y participantes, aunque había importantes diferencias en
los niveles y entre quienes participaban más y estaban más seguras de sí mismas
y las más introvertidas.
En la primera sesión nuestro rol fue más bien pasivo, observando y tomando
notas de la clase y respondiendo a las instrucciones de María, que nos implicó
como apoyo en las distintas actividades. Nuestra participación en la clase
tenía como objetivo principal conocernos, establecer unos lazos afectivos para
que las estudiantes se sintiesen cómodas y nosotras también nos
familiarizáramos con la clase, para poder participar más activamente en la
segunda sesión. Las actividades de conocernos fueron un éxito, las estudiantes
se mostraron abiertas a interactuar con nosotras, e hicieron preguntas de forma
espontánea.
Tan fascinante como aprender cómo pueden prepararse las actividades fue
observar cómo se puede estructura una sesión. Por ejemplo, me fijé en la forma
en que la profesora utilizaba los recursos tecnológicos para organizarla,
aportando elementos visuales. También en cómo insistía en recapitular
contenidos al principio y final de la clase. Esto daba una sensación de orden y
continuidad, pero también de que se va progresando y que el aprendizaje es
accesible y posible. Fue también muy interesante su uso del libro, que sirvió
de apoyo, pero en absoluto de una forma rígida o cerrada. La profesora
construyó un guion coherente y fluido que se servía de las actividades del
libro, pero que no giraba en torno al mismo, sino a partir de la participación
de las alumnas.
La sesión giró en torno a la idea de “adivinar”, con el objetivo de
practicar el futuro haciendo predicciones. Así, a través de un objetivo
extralingüístico se practicaron distintas competencias, expresiones y
vocabulario. La clase se planteó como una sesión sobre la idea de adivinar y no
como una clase sobre el futuro, aunque este era el objetivo lingüístico, lo que
la hizo más amena. El objetivo lingüístico estaba implícito y las alumnas
aprendieron emulando situaciones cotidianas y reales. Todas las actividades se
dirigieron a este fin, pero de forma muy variada, de modo que también se
trabajó el vocabulario, se recordaron cuestiones de las clases anteriores y se
adelantan otras. Aprendí asimismo la importancia de que los ejercicios vengan
precedidos de preactividades, de modo que se vayan introduciendo cuestiones. La
noción del “aprendizaje en espiral”, que permite ir introduciendo nuevos
conceptos a la vez que se refuerzan los anteriores, fue otro de los conceptos
con los que me he ido familiarizando en el curso.
Tras la sesión de observación tuvimos una reunión en la que compartimos
nuestras impresiones de las clases y en la que María también nos explicó los
objetivos que estaban detrás de las decisiones que tomó en la misma. En función
de lo que le interesaba trabajar o conseguir, la organización de las
actividades podía variar y esas variaciones marcan grandes diferencias. De
nuevo ello revela la importancia de planificar y tener claros los objetivos.
Hablamos también sobre la necesidad de fomentar la autocorrección en el
alumnado. Por último, empezamos a preparar la siguiente clase.
Segunda observación
Para
la segunda observación, Paola y yo adoptamos un papel más activo y estuvimos a
cargo de una parte de la sesión. La experiencia fue de nuevo muy positiva,
tanto por la recepción de las alumnas, lo que fue posible gracias al vínculo
afectivo establecido en la clase anterior, como también por el trabajo de coordinación
con las compañeras. En todo momento la organización de la clase estuvo marcada
por la actitud positiva, receptividad ante sugerencias y la buena comunicación,
lo que facilitó enormemente el proceso y el reparto de las tareas e
intervenciones.
Nuestra intervención se organizó en torno al tema de expresar
prohibiciones. Decidimos usar la pizarra electrónica y servirnos de elementos
visuales. Empezamos con una introducción breve destinada a activar lo que las
alumnas ya sabían sobre el tema. Seguimos con una actividad del libro, que
realizaron en parejas. Para organizar esta actividad, aparentemente sencilla,
tuvimos que tomar varias decisiones (trabajar en gran grupo o en parejas,
corregir o no el ejercicio), que dependieron del objetivo que queríamos lograr.
Continuamos la clase introduciendo distintas fórmulas para expresar prohibición,
a través de ejemplos. Todo ello lo hicimos de forma interactiva, preguntando a
las estudiantes que expresaran sus ideas y participasen, de modo que fuesen las
protagonistas. Terminamos con un juego en el que tenían que utilizar y
practicar los conceptos aprendidos en los ejercicios anteriores. La actividad
fomentó la interacción y permitía practicar el diálogo para preguntar y
responder sobre prohibiciones. La actividad fue un éxito y las estudiantes se
mostraron receptivas y entusiastas.
Uno de los aspectos en los que planeamos fijarnos en esta clase fue en la
corrección de errores. Una de las formas es la de animarles a que respondan a
sus propia preguntas o corrijan sus propios errores. Así se busca fomentar la
autonomía del estudiante, activando sus conocimientos previos y enseñándole que
puede encontrar la respuesta.
Tras la observación realizamos también una reunión de retroalimentación, en
la que reflexionamos sobre las decisiones tomadas en la clase y posibles
alternativas, sobre aquello que hicimos bien, pero también sobre otras
posibilidades para mejorar.
Algunas conclusiones y reflexiones
finales
Este curso de formación inicial de profesores de
español ha sido mi primera experiencia y toma de contacto con la enseñanza de
ELE y me alegra decir que ha sido una experiencia muy positiva. Me ayudado a
reflexionar sobre lo que puedo aportar desde mi experiencia vital y profesional
previa, pero sobre todo ha sido una introducción general del fascinante mundo
de la enseñanza de lenguas y me ha servido para empezar a familiarizarme con
algunos de los conceptos y teorías que se manejan. He podido ver la increíble
diversidad de acercamientos a la docencia, perspectivas desde las que se puede
entender la enseñanza de idiomas y la complejidad que existe detrás de cada
actividad, ejercicio o cada toma de decisiones, lo que es a la vez un estímulo
para seguir aprendiendo. Como estudiante de idiomas y profesora en otras áreas,
me ha abierto la mente para ser más tolerante y empática con mis estudiantes y
profesores/as y comprobar la profesionalidad y dedicación de los/as
profesores/as del Instituto Cervantes me ha animado a trabajar por ser mejor
alumna y docente. Tanto el curso, como especialmente las prácticas, han
supuesto para mí una perspectiva diferente y estimulante sobre la enseñanza y
me ha ayudado a mantener una actitud positiva y abierta hacia formas diferentes
de impartir docencia.
Os envío un abrazo, ha sido un placer compartir este curso con vosotr@s 😊
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